Poemas

Autobiografía

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.

Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.

Preso desde mi infancia
ya muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.

Mas no hay sombra de arcángel
vengador en mis venas:

España es sólo el grito
de mi dolor que sueña.

Diccionario del preso

Breve es el diccionario de los presos.
Tiene palabras frías como espadas:
Recuento.
Muros, cerrojos. El patio.
Celda. Sancionado. Muertos
en cruz.
El Tribunal. La condena.
Losas de piedra. Cemento.
Y el “alerta” que deshace
la estructura del silencio.

Breve es el diccionario de los presos.
Tiene palabras que arden en los labios,
arrancadas del pecho:
Solidaridad. Amor.
Libertad. Patria. Aliento.
Creación. Luz. Futuro para todos.
Hijos. Mujer. Compañeros.
El mundo. La humanidad. La paz.
Una bandera, una patria, un pueblo.
La amnistía, el mar y el viento
para el preso.

Con estas pocas palabras
sueñan o sufren los presos.
Unas las afila el odio,
otras las construye el pueblo.

¿La vida?

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río,
cuando se cubre de pájaros.

Habladme del mar. Habladme
del olor ancho del campo.
De las estrellas. Del aire.

Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llaves
como la choza de un pobre.

Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del amor: no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?

¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una sepultura
y la canción de mis losas?

Veintidós años… ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma…

Escribo a tientas: “el mar”, “el campo”…
Digo “bosque” y he perdido
la geometría de un árbol.

Hablo por hablar de asuntos
que los años me borraron.

(No puedo seguir: escucho
los pasos del funcionario).

Elegía a Luciano Parrondo

(Que murió en la prisión de Burgos
a los veinte años de cautiverio)
Parrondo, amigo mío:
hace ya 20 años que te vi y te recuerdo
cantando sobre el filo de la muerte que huía.
Éramos arroyuelos, con el alma desnuda,
creciendo, en avenida.
No pesaban los muros:
hacia la mar seguían tu corazón y el mío,
ensanchando riberas,
con un alba en los ojos,
dejando a nuestro paso banderas y alegrías.
¡Qué juventud la tuya!
En tu cuerpo aterido por la muerte se mira
mi juventud perdida,
granada frente a todo…

Ay, Amigo:
mi corazón resiste; tu bandera ya es mía;
empaparé mis manos con tu sangre callada
y marcaré los astros con tu muerte y mi vida.
A veces creo que el mundo
tiene perdida el alma.
¿No escucha este cuchillo
que indiferente mina
nuestra espalda y nos hunde su filo hasta la muerte?
Mi corazón se obceca,
resiste todavía:
mas cuelga de su puerta tu ruiseñor callado
y vierte un llanto rojo donde tu luz se enfría.
¿Por qué no para el mundo este reloj sangriento?
¿No oye sus campanadas donde los hombres gritan?
Mi voz no puede alzarse,
le falta tu estatura.

No hay poeta que cante nuestra muerte infinita.
Hay hachazos tan duros que cortan la palabra.
En esta tierra nuestra ya todo se asesina.
Por el fuego sangrante de tu herida implacable
mi voz quema sus brazos
trepando hasta tus cimas.
Más no llega mi acento.
No hay lengua traspasada por el dolor que pueda
recompensar tu vida.
No hay voz para tu muerte
(quizá tu madre, acaso, llorando sea el poema,
que pide esta elegía).
Mas tu rostro insumiso
seguirá con nosotros.
Clamará en las campanas del corazón y un día
será tea en las cumbres del pensamiento indómito
muchacho azul, eterno laurel de la sonrisa.

No enterrarán tu nombre…
Arderá en mi palabra,
lo subiré a mis labios de la pena más viva,
escarbaré en el llanto
y hundido en sus raíces te subirá en sus hombros
mi voz al nuevo día.

Mi corazón es patio

A María Teresa León
La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.
Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio)
A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando”.
Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.
“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…
Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo)

Amanezco, y ya todo
—fuera del sueño— es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.

¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo
—fuera del sueño— es patio.
(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
—hasta en el sueño— es patio.

Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.

(Un patio donde giran
los hombres sin descanso)